Entonces vino la Navidad. Era 24 de diciembre. Habría bebidas, comida, música, baile. A mí no me gustaban las fiestas. No sabía bailar y la gente me asustaba, especialmente la gente de las fiestas. Trataban de ser sexys y alegres e ingeniosos, y aunque creían que conseguian serlo, no era así. Llegaban a ser todo lo contrario. Sus intentos forzados sólo conseguían empeorarlo.
Aunque hay partes en las que estoy bastante de acuerdo, yo no voy a ser tan aguafiestas como Henry Chinaski y os deseo a todos que paseis unas felices fiestas.
Última hora de la noche en un bar casi desierto y lleno de humo, el piano sonando, y detrás de este, Tom con su viejo traje, un sombrero arrugado y la corbata suelta, tomando los últimos sorbos de su vaso de whisky. Entre trago y trago murmura, recita, gruñe y jadea su peculiar poesía. Esto es lo que quiere reflejar el título y la portada del primer álbum que grabó el de Pomona.
En sus canciones, en vez de describirnos la California del sol, la arena y el surf, nos muestra su visión húmeda, oscura y peligrosa de esta. Bonnie Raitt lo definió perfectamente cuando dijo de él: "Tom es un caso raro, es una ventana abierta a un mundo al que nunca nos acercamos. Es capaz de hacer que cualquier vulgaridad parezca trágica y romantica".
El disco fué un exito a nivel de críticas, pero no tanto a nivel comercial. Los ingresos obtenidos apenas cubrían los costes de producción. Y aunque gracias a una constante serie de apariciones en giras por todo el país, su público estaba aumentando, tampocó ayudo a su despegue definitivo ser telonero de Frank Zappa o los Mothers, cuyos seguidores no recibieron precisamente con los brazos abiertos a este desaliñado personaje.
Me acuerdo que, cuando era joven, un día alguien me rompió el corazón y yo estaba absolutamente desolada. Aquel mismo día tenía una actuación y mi padre me acompañaba al club con su coche. Yo no paraba de llorar. Entonces él me preguntó: "¿Alguien te ha roto el corazón?". Y yo le dije: "Sí, profundamente". Entonces él contestó: "¡Cojonudo, esta noche vas a cantar blues mejor que nunca!". Fue cruel pero muy bueno, ahora me doy cuenta.(Fragmento de la entrevista a Imelda May en el nº 265 del Ruta 66)
Y tanto que tu padre fué duro Imelda, yo diría que fué más bruto que un arado. Si la historia es tal como ella la cuenta, ese "cojonudo" que le soltó su progenitor es para que le hubieran quitado el carnet de padre en ese mismo instante. Cierto es que al hombre no le faltaba razón en lo que le quería decir. Ya lo cantaba Bunbury en la canción Palo de Mayo: "Sin dolor no hay Blues". Pero Sr. May o como quiera que se llame, no era el momento ni las formas.
Pero que nadie se confunda, lo que encontramos en este disco no es sólo blues. Aquí hay mucha más tela que cortar. Esta irlandesa también se atreve con el country, el jazz y sobre todo con el rockabilly. Y todo con un gusto exquisito. Para más inri la chiquilla está como un queso, pero ¡cuidado!, no os pongais muy pegajosos con ella en los conciertos, que el guitarrista lleno de tatuajes que está a su lado es su marido.
¿Qué fué primero, la gallina o el huevo?. Este viejo dilema que se lleva preguntando la humanidad desde cuando Cristo perdió la alpargata, se asemeja bastante a mí duda existencial sobre los Alice In Chains.
El caso es que siempre me he preguntado si unos niveles elevados de exposición a su música me llevan a estados de animo de decaimiento y pesimismo, o por el contrario, cuando me siento como un desecho humano, acudo a la música de los de seattle, como queriendo hurgar en mí propia herida. Seguramente, en las dos teorías haya parte de verdad, y sea dificil desvincular las canciones de Layne, Cantrell y compañía, de la cara mas sucia de la vida, desprendiendo paradógicamente esta suciedad una belleza infinita, que te impide dejar de escuchar sus discos una y otra vez. Y es que los Alice In Chains son capaces de convertir un día de sol luminoso, en un día gris, frío y lluvioso de su Seattle natal.
La muerte por sobredosis de Layne en el 2002 fué un duro golpe del que los seguidores del grupo nos costó levantar cabeza. La banda se separó y cada uno de sus integrantes siguió su camino. Hasta que en el 2006 se anunció la reunión de todos sus miembros, con la incorporación de William DuVall, exmiembro de Comes With The Fall. La gira de reunión tuvo una gran acogida, y tras esta, la banda se encerró en el estudio para dar a luz su nueva obra, Black Gives Way To Blue.
Por mi parte, después de haber presenciado ultimamente reuniones de bandas míticas, que más que sumar a su legado, lo que hicieron fué restar, tenía ciertas dudas, y más después del concierto que ví en Granada durante su gira de reunión. La corta duración de este (1 hora escasa) me supo a muy poco, y me dió la impresión que la hicieron para llenarse los bolsillos y poco más.
Pues bien, el disco ya lleva un par de meses en la calle, y la sorpresa ha sido mayuscula. No solo es una obra digna del nombre y del peso de una banda tan grande, sino que poco tiene que envidiar a los discos anteriores. Es cierto que no llega al nivel del "Dirt" o "Facelift", por poner dos ejemplos, pero es un disco que suena 100% Alice In Chains. Siguen estando ahí esos riffs marca de la casa, esos paisajes asfixiantes ("A Looking In View" o "Acid Bubble") y esos adictivos juegos armónicos con las voces, que ponen la piel de gallina.
Una de las sorpresas que encontramos, es que en contra de lo que se podía pensar, el peso vocal lo lleva Cantrell en vez de DuVall, lo cual, pesonalmente agradezco, ya que siempre he pensado que Jerry tiene una voz increible, que complementaba a la perfección con la de Layne.
En conclusión, un disco con canciones como "Check My Brain", "Lesson Learned" o "Private Hell", sólo puede estar entre lo mejor del año, y sin duda, es una vuelta dignísima de una de las mejores bandas que dió los noventa.
Quique es un artista especial para mí, de los pocos en el panorama musical patrio que me tocaba la fibra. Su carrera discográfica hasta "La Noche Americana" me parece impecable. Por eso, reconozco que tenía miedo a este disco. Después de la decepción que me causó "Avería y Redención", llegaba el momento de constatar si aquello fue un mero accidente o algo más serio. Por desgracia, ha sido lo segundo, y la orina del paciente empieza a tener muy mal color.
A diferencia de lo que pasaba con discos como "Salitre 48", las canciones de "Daiquiri Blues" no me las creo, no me llegan, y Quique empieza a abusar demasiado de recurrir a lugares comunes. El nivel de las letras también ha bajado, y estas cada vez son más prosaicas. Y eso acompañado de un ritmo cada vez más lento y cansino, hace que pocos temas se salven de la quema. A destacar sobre todo la jazzística "Riesgo Y Altura", que me parece una maravilla de canción, y la que da nombre al álbum.
Por todo esto, no entiendo la actitud de muchos medios especializados, que se les llena la boca hablando de aspectos secundarios, como el lugar donde ha sido grabado o los músicos de los que se ha rodeado, y se olvidan de lo que realmente importa, que son las canciones, y en esto, bajo mí humilde punto de vista, Quique ha vuelto a pinchar en hueso.
Si lo que decía Platón sobre que "la música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo" es cierto, el disco de esto japos debe ser el equivalente a correr una hora por el parque con todo el sol apretando en la cabeza. Así que escuchenlo tomando precauciones, no vaya a ser que os de un golpe de calor y tengamos un disgusto.
Y es que este combo, con los flequillos más molones de todo el país del sol naciente, se dedican durante todo el disco a maltratar sus instrumentos y cuerdas vocales, consiguiendo un sonido deliciosamente sucio, en el que detrás de esa capa de distorsión podemos encontrar estribillos que te agarran por los huevos para ya no soltarte jamás, y si no me creen escuchen por ejemplo "Gion Midnite" y después me cuentan.
Con las calles derritiendose con esta ola de calor, la mejor opción es huir hacia la playa más cercana, y sentarse en una amaca acompañado de un buen mojito. Por desgracia, esto no es siempre posible y hay que buscarse alternativas menos suculentas. A la ya clásica de poner el aire acondicionado al máximo, yo os propongo este disco.
Los Gigolo Aunts son sobre todo populares en España por la versión que hicieron del clásico de Nacha Pop "Chica de Ayer", pero esta banda de Boston son mucho más que eso. Lo suyo es el power-pop con preciosas melodías y unas armonías vocales perfectas. En este disco se nota que dos de sus miembros (Dave Gibbs y Steve Hurley) decidieron mudarse a California y escribir las canciones allí. Como ellos mismos dicen: "La grabación se realizó en un ambiente muy festivo y sin ningún tipo de presión. Durante esos días nuestra vida cotidiana consistía en degustar comida mejicana, beber cerveza, bañarnos en la piscina y observar la puesta de sol sobre el valle de San Fernando". Así que como podreis imaginar, el disco está lleno de luz y optimismo.
Aunque no está incluida en este disco, os dejo un video con la versión de "Chica de Ayer".
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